microrelatos 1-5
1.- La muerte de un mito.
El gato bufa y baja de un salto del regazo de su ama. Mientras, el áspid hace su trabajo.
Olisquea la cesta de fruta donde se ha alojado el reptil: aún permanece el olor dulzón de los higos secos.
Mira hacia arriba. El brazo de su ama cuelga lacio a un lado del diván: Cleopatra yace muerta.
Olga Álamo Arcos
2.- Un lugar para volver.
Es un lugar, que te resulta familiar. Un ramillete de historias y leyendas se combinan con sus colores; tal vez sólo sean sólo dos, desenvueltos en todos sus matices. El gris; gris piedra, gris cielo, gris niebla y el verde; verde intenso de los paisajes, verde oscuro de los árboles del camino, verde del pasto y la combinación de ambos en los acantilados, esos que se instalan en el recuerdo sellando la memoria.
Vivianne Quill
3.- Princesa
Érase una vez una princesa que era peculiarmente especial.
No poseía largos y relucientes cabellos, sino pelo corto y nevado.
No era poseedora de una hilera propia de perlados dientes, sino de un necesario e indispensable sustituto.
Una nube negra y espesa cubrió con una injusta y cruel velocidad el pasado de la princesa, y poco a poco amenazaba con llegar al presente.
A pesar de este hecho, nuestra dulce princesa era muy feliz, porque sabía que la nube no borraría el recuerdo de su apuesto príncipe, el cual murió en batallas pasadas. Era un príncipe no azul, sino verde olivo, como las tierras que les vieron nacer a ambos.
La princesa siempre cuenta con la compañía de una sirvienta que va vestida de blanco y que le trae las mágicas píldoras de la felicidad, esas que ayudan a la princesa a no olvidar a su príncipe.
¿Cómo estamos hoy princesa?
María Ortega
4.- CHAMAELEO
Comencé a chatear con CHAMAELEO por casualidad y pronto fueron diarias nuestras discusiones sobre cine o música. Vivía en mi ciudad, pero no conocía su edad ni su nombre. ¿Cómo podía yo, tímido y antimilitarista, desear casi enfermizamente ver a un colega del chat que, además, era militar?
Quedamos en el centro. Iríamos con vaquero y camisa negra. Notaba el hormigueo adolescente, casi olvidado, que sentía en el estómago cuando me enamoraba de una nueva chica. Pero ahora no era el caso, ¡no quería que fuera! Llegué tarde, con el corazón a mil. Allí estaba, con vaquero ajustado y camisa negra, muy ajustada. Nuestras miradas se cruzaron y se confirmó mi sentimiento de cercanía, de familiaridad, de… ¿cariño? Nos dimos la mano y nos besamos, casi en la comisura de los labios.
Me dijo su nombre, Cristina. Ahora, tras dos años de vivir juntos, está embarazada de tres meses.
Jesús Navas
5.- Dislate
Se levantó temprano para cambiar su vida, pero como no sabía por donde empezar, decidió sumergirse en Internet.
Ángel Domínguez



