27 de octubre, Día del Corrector

El corrector de textos es una especie de Quijote que lucha contra los gigantes/molinos de la negligencia lingüística y la pobreza de estilo.

Dada la situación económica actual, muchas editoriales pequeñas (y no tan pequeñas) suelen prescindir del corrector para ahorrar en los costes de producción de sus publicaciones. Descuidan el estilo y renuncian al control de calidad, restan importancia a los errores e incluso esperan que el lector ni siquiera los note o haga la vista gorda. Esto tiene consecuencias.

Un mayo muy largo y unas mayúsculas ausentes.

Un mayo muy largo y unas mayúsculas ausentes.

Pueden darse dos posibilidades:

— El lector detecta los errores. En ese caso, si no le disuaden de adquirir la obra, se concentrará más en ellos que en el mensaje de esta, lo cual es un fracaso tanto para el autor como para la editorial, y además daña gravemente su imagen.

— El lector no advierte los errores. En ese caso los reproducirá y contribuirá a perpetuarlos. No es exagerado decir que todos resultamos perjudicados: hablamos del empobrecimiento de nuestro idioma, lo que en realidad nos une, por encima de cualquier símbolo.

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Ludwig Wittgenstein

Tampoco es buena idea transferir al propio autor la responsabilidad de buscar a alguien que corrija sus textos; debe haber comunicación entre todos los departamentos implicados en el proceso de edición para que el resultado final sea óptimo.

Así que ya sabes: pon un corrector en tu vida.

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