Presentación Mitad Doble 13

¡Por fin! Después de una larga espera, de obstáculos impensables, de recuperar el fuego del Olimpo y vencer huracanes… Ya tenemos la revista.

Ésta edición hemos creado una revista temática para celebrar nuestro número trece, además de la reciente elección como “Mejor Fanzine”. Mitad Doble presenta su especial “Café con cigarrillos” y para ello no podía ser menos que hacer la presentación en el Café con Libros en la típica Plaza de la Merced a las 20:30.

Para poder amenizar mucho más nuestro contenido, actuarán  “las personas libros”. Además de nuestra exposición itinerante, que estará durante todo el mes de Marzo allí.

Así que no lo dudes, tómate un café con nosotros y disfruta de nuestro trabajo siempre realizado para vuestro deleite.

 

Queremos nuevamente agradecer todas las colaboraciones. ¡Gracias!

PASAJEROS – Luis Héctor Gerbaldo

Serio, compungido, Ignacio preparaba el bolso. Sabía que esto sucedería algún día, pero siempre encontraba la forma de aplazarlo. Esta vez no pudo evitarlo. Una palabra lleva a la otra, cada vez subiendo el tono, hasta que al fin se dice lo que no se puede negar, haciendo irreversible cualquier acción.

Inés no se resignaba a terminar la relación así nomás, dejándolo irse con ésa que él llamaba ¡Su gran amor! Estaba convencida de que lo planeó todo con mucha anticipación. Cuando él quiso, provocó la discusión, una como tantas, pero en ésta fue más allá, dijo lo necesario para habilitar su partida. Pero no, no lo dejaría irse así como así.

No era mucho lo que podía llevar en el bolso. Le molestaba dejar todos sus libros, pero difícilmente podría recuperarlos. No esperaba volver a verla. Quizás en tribunales, tramitando el divorcio. Otro obstáculo era que no se quedaría en la ciudad, viajaría inmediatamente, lejos.

Estúpida, así se sentía. Todos estos años segura de su pertenencia, nunca hubiera imaginado que él pensaba lo que hoy le espetara en la cara. ¿Que era posesiva? Claro que lo era, si lo amaba, era su compañero, era suyo. ¿Que lo agobiaba? Mentiras, pensó, quiere irse con alguna mujer que había conocido. Si pensaba que era un traste que se usa y se deja por ahí, estaba equivocado. Era con ella o con nadie.

La tristeza lo llevaba al borde del llanto. Por esperada, no hacía esta situación menos dolorosa. Quizás sus hijos grandes ya, lo comprenderían. Eso lo sabría con el tiempo. Sería juzgado por ellos y por todos. Dejar el hogar lo obligaba a dar explicaciones. No habrá tales, se irá lejos. Ya con el bolso listo, llegó el momento de partir.

Con la vista endurecida, sin la mínima humedad que nublara sus ojos, estudiaba la pistola que sostenía en su mano. No había lágrimas, no había tristeza, sólo odio por el abandono. Por una de ésas trampas de la vida, era el arma que él mismo le compró y le enseñó a usar – por si se mete un loco en la casa, dijo Mariano– hoy la usaría para retenerlo. Con ella vivo. Sin ella muerto. Ruidos desde la habitación indicaban la partida. Sin palabras, al verlo salir disparó. Ahora sí, las lágrimas escaparon al ver caer su cuerpo.

Miró a su alrededor, su dormitorio durante años. No podía evitar la emoción de dejarlo. Los rincones le hablaban, decían de sus hijos, de luchas, de esperanzas compartidas con Silvana, su esposa. Esas paredes eran su espejo. Llegó el momento de soltarse, era el fin de un viaje, ahora comenzaba otro. Tomó el equipaje y salió. Cruzó la sala, sólo sintió un leve dolor en el corazón al abrir la puerta de calle. Respiró profundo y salió. Tiró las llaves por la ventana y palpó los pasajes en el bolsillo del saco. Caminó sin mirar atrás